miércoles, 24 de mayo de 2017

Siente celos, ¿qué hacemos?

Esta semana traigo a una nueva invitada al blog. Se trata de Ana Roa, pedagoga, psicopedagoga y coach educativo fundadora de Roaeducación. Ana nos ha escrito un fantástico artículo sobre un tema que nos preocupa mucho a los padres: los celos entre hermanos. ¿Qué hacemos con los temidos celos? ¿qué comportamientos manifiesta con sus celos? ¿cómo podemos actuar? Todas estas cuestiones nos las resuelve en su interesante artículo:



Cuando llega un nuevo miembro a la familia se produce un reparto de roles y, en ocasiones, se otorga un papel determinado a cada hijo. Los hermanos y su orden de nacimiento jerarquizan el primer grupo en comunidad, la familia; la posición y las relaciones de un hijo dentro de la secuencia de hermanos son significativas para la resolución de conflictos y la formación de la personalidad,  desde el principio hasta las sucesivas etapas posteriores. Si pensamos en nuestra infancia, reconoceremos cómo nos ha marcado nuestra forma de ser el hecho de tener un hermano mayor o más pequeño, ser el benjamín de la familia, ser único…

¿Qué hacemos si aparecen  “los temidos celos”?

Desde el primer momento los padres debemos ser conscientes de la existencia de este sufrimiento en el niño, y aceptarlo como algo natural para poder ayudarle a superarlo, permitiéndole que no oculte sus sentimientos y que se explique sin miedos…, así evitaremos posteriores resentimientos. En ocasiones nuestro hijo nos dirá: “el hermanito es feo”, “sólo sabe llorar”, “no lo necesitamos”… A la vista de la situación y siendo conscientes de ella, actuaremos tranquilos y le diremos al niño celoso que no se preocupe, pues tiene un lugar seguro en nuestro corazón porque puede confiar en nosotros, él es único y nadie ocupa su espacio. Si lo hacemos de este modo le ayudaremos a reequilibrar su ansiedad y los celos se convertirán en una manifestación normal en la adaptación a un nuevo ambiente familiar.



¿Qué comportamientos manifiesta con sus celos?

· Rabietas muy temperamentales.
· Permanentes llamadas de atención.
· Conductas “de fastidio” al bebé, como pueden ser despertarle del sueño, pellizcarle, quitarle un juguete, quitarle el chupete o abrumarle físicamente.
·  Falta de interés o indiferencia ante cualquier cosa que le decimos.
·   Actitudes regresivas.
·   Desobediencia, oposicionismo.
· Retraimiento, apatía, deja de participar en la vida familiar.
· Tensión manifestada en síntomas físicos tales como malestar general,  dolor de estómago, dolor de cabeza, vómitos…
·  Llanto continuo sin motivo.
·  Alteración del sueño (pesadillas, disminución de horas de sueño).
·  Alteración de hábitos de alimentación (inapetencia).

Es conveniente que vigilemos el exceso de cariño y ternura que el niño celoso manifiesta hacia el bebé. No es adecuado pensar que no exista a la vez un verdadero sentimiento de rechazo, pues debido a la ambivalencia de los sentimientos infantiles, la expresión más cariñosa,  aún siendo sincera, no excluye la hostilidad sino que se da simultáneamente con ella… por eso, es muy habitual escuchar: “Da besos tan fuertes a su hermanito que termina haciéndole  daño”



¿Cómo podemos actuar?

- Acogiendo al niño celoso para que comprenda que tiene un espacio propio en la casa y en nuestro corazón.

- Aceptando con naturalidad las posibles regresiones pasajeras. Son parte de un proceso y no es adecuado dramatizarlas en exceso.


Por Ana Roa
Pedagoga, psicopedagoga y coach educativo.
Fundadora de Roaeducación

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