lunes, 8 de febrero de 2016

Papás y mamás: lo que sois es tan importante como lo que hacéis


En las sesiones de Escuelas de Padres y conferencias insisto en algo que me parece fundamental para educar a nuestros hijos: educamos con nuestro ejemplo. Los niños imitan aquello que ven, y sobre todo lo que ven en los adultos que somos su referencia. Por eso no podemos decirle al niño que haga una determinada cosa cuando nosotros somos los primeros que no la cumplimos. Como suelo decir: son niños pero no son tontos. De hecho, si pudiéramos "leer más allá" les escucharíamos decir: Papá, mamá, no os preocupéis porque no os escucho porque OS OBSERVO TODO EL DÍA.


Veamos algunos ejemplos: 

  • Le decimos que no debe gritar y encima se lo decimos gritando. ¿Qué mensaje le estamos transmitiendo? Efectivamente, un mensaje contradictorio que no hace sino confundir al niño.
  • Otro ejemplo es el de la mentira. Si le decimos al niño que no mienta somos los adultos los que hemos de dar ejemplo y no buscar ningún tipo de excusa ante nuestras mentiras.
  • Le decimos que en la mesa no se usa el móvil y nosotros nos pasamos la comida "conectados a Facebook". 
  • Etc.

Podría seguir con más ejemplos pero para ello te traigo esta breve historia* que te ayudará a reflexionar sobre el tema:

Era una soleada tarde de sábado en Oklahoma y Bobby Lewis, mi amigo y un padre orgulloso, llevó a sus dos niños a jugar al minigolf. Se dirigió a la taquilla y preguntó al empleado cuánto costaba la entrada.
—Tres dólares para usted y lo mismo para cada niño mayor de seis años. Hasta los seis tienen entrada libre. ¿Qué edad tienen? —respondió el muchacho. —El abogado tiene tres y el médico, siete —contestó Bobby—, o sea que le
debo a usted seis dólares.
—Oiga, señor —le dijo el muchacho de la taquilla—, ¿le ha tocado la lotería

o qué? Podría haberse ahorrado tres dólares sólo con decirme que el mayor tiene seis. Yo no me hubiera dado cuenta de la diferencia.
—Es probable que usted no se hubiera dado cuenta —asintió Bobby—, pero los niños sí.

Como decía Ralph Waldo Emerson, «la clase de persona que eres habla en voz tan alta que no me deja oír lo que dices». En tiempos tan difíciles como éstos, en los que la ética es más importante que nunca, asegúrate de que estás dando un buen ejemplo a todos los que trabajan y viven contigo.

Papás y mamás, no lo olvidéis:




* Texto original de Patricia Fripp del libro "Sopa de pollo para el alma"



Si te parece interesante lo que escribo y comparto en mi blog puedes leer mis libros donde abordo este y otros muchos temas:



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